Dicen que callejear por Alejandría se asemeja a soñar con un mundo pasado que
sólo se conserva en los libros. Hoy apenas quedan huellas de Alejandro Magno,
Cleopatra, Justine, Aristóteles, Orígenes, Durrell o Kavafis, ni de su enigmátco
Faro una de las Siete Maravillas de la Antigüedad, pero la ciudad ha
recuperado, al menos temporalmente, su importancia histórica a raíz de la
reciente reconstrucción de su mítica Biblioteca http://www.bibalex.gov.eg
e invita a curiosear http://egipto.com/news/bib_alx.html entre las
estanterías de su legendaria memoria; sobre todo ahora, cuando descansa,
somnolienta, de la invasión estival cariota.
Hoy moderna y bulliciosa para unos , decadente y romántica para otros - http://www.viajar.com/viajes/noticia$224739
- , recomiendan -entre ellos http://www.amadeus.net/home/destinations/es/africa/egipto/sitios.htm-
extraviarse entre sus calles,
conversar en el tranvía o en un café con vecinos que juegan al dominó o fuman la
tradicional shisha (pipa de agua) y viajar imaginariamente al pasado ante las
excavaciones que continuamente desvelan nuevos vestigios de la antigua ciudad,
porque son contados los monumentos que se conservan de aquel mítico puerto
concebido por Alejandro Magno allá por el año 332 aC como uno de los más
admirables del mundo antiguo; lo que sí sobrevive de la esplendorosa ciudad
fundada por los griegos en el delta del Nilo es el cuadrado retículo urbano que
evoca el proyecto original de Dinocrates. Hoy los centros neurálgicos son las
plazas Midam Orabi y Midam Sa'ad Zaghloul. De todos modos, con el recorrido
virtual de http://www.virtourist.com/africa/alexandria es difícil despistarse. Eso sí, cuidado con el caótico tráfico. Estamos en Egipto.
Una inolvidable forma de estrenar la ciudad es mirar
hacia el fuerte Qaitbey desde la Corniche un precioso malecón en forma de
media luna e imaginar, con la ayuda de la reproducción virtual de http://www.unesco.org/csi/act/alex/brief7s.htm,
el mítico Faro de Alejandría. Se supone que la torre alcanzaba los 150 metros y
que culminaba con una estatua de Poseidón, pero nadie ha descubierto aún el
método utilizado entonces hace ya 2.300 años para proyectar destellos
a tan grandes distancias. Aunque los científicos hablan de un complejo sistema
de espejos y lentes, el secreto forma ya parte de la historia legendaria de la
ciudad. Se supone igualmente que se derrumbó hacia el año 700, tras permanecer
erguido un milenio; lo que tampoco se ha desvelado es si se destruyó a causa de
un incendio o un terremoto o a consecuencia de la ignoracia de un califa ávido
de tesoros escondidos. Allá se ubica hoy, como si emergiera del agua, el fuerte
Qaitbey http://www.touregypt.net/alqaitbe.htm , construido por Ptolomeo Filadelfio en la isla Pharos, desde donde se accede fácilmente al anfiteatro romano descubierto recientemente, al museo de joyas reales egipto.com/joyas y a las catacumbas de Kom El Shoukafa.
Muy cerca se alza otro monumento de obligada visita, la
Columna de Pompeyo egiptólogos recorren su curiosa historia en http://www.egiptologia.com/historia/alejandria/alejandria.htm , un pilar de granito rosa de 27 metros que, curiosamente, homenajea a Diocleciano. Hay quien defiende que ése es el emplazamiento de la Bilbioteca original e incluso sus vigilantes acceden, previo pago extra, a mostrar un supuesto pasadizo secreto. Algo parecido ocurre cuando se pregunta sobre los restos de Alejandro Magno o de Cleopatra. Nadie lo sabe; todos recurren al difuso recuerdo alimentado por muchos siglos de imaginación: Magno descansó, tras su muerte en Babilonia, en la barbería de Mmemjian, mientras que el antiguo Cesareum de la calle Nebi Daniel los dos únicos obeliscos que erguían ante su entrada fueron trasladados en 1870 a Londres y Nueva York corresponde al templo que Cleopatra comenzó a construir para Marco Antonio y que Octavio terminó dedicándoselo a él mismo. La ubicación del palacio de Cleopatra es, precisamente, uno de los misterios arqueológicos más apasionantes. Un equipo de arqueólogos que lleva ya diez años explorando los fondos marinos descubrió en 1996 fascinantes recintos de columnas y esfinges que los visitantes podrán contemplar desde el interior de túneles transparentes si sigue adelante el proyecto del primer museo subacuático del mundo.
Pero quienes verdaderamente disfrutarán si dejan volar
su fantasía, son los aficionados a la literatura, especialmente si se acercan a
la casa-museo de Cavafis o evocan a Lawrence Durrell en el Hotel Cecil. No
obstante, quien quiera repasar la historia de Alejandría sin cansarse puede
recurrir a http://www.touregypt.net/algraec.htm para visitar el Museo Grecorromano.